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viernes, septiembre 30, 2011

Las cartas que el padre le dejo a Graciela Alfano

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En 1965, Carmelo Alfano padecía un severo cuadro nervioso y era tratado por psiquiatras. Se había separado de su esposa, Matilde Cassanova, y cada tanto viajaba a Buenos Aires a ver a su querida hija, apodada por él “Gracielín”.

Un domingo 14 de marzo de ese año, el ingeniero tomó la decisión de encerrarse en su chalet en Chaco, y pegarse un tiro en el pecho, sin antes escribir dos cartas de despedida, que a continuación las describiremos.

Según consigna Diario Libre, la primera parte del escrito está mayoritariamente dedicada a “Pocha” Martínez, su novia en aquel entonces. “Te ruego que me perdones este mal trance y olvides esta amargura que te ocasiono. Fuiste la gran compañera de mi vida y lo único que me quedaba, pues ya sabes que hasta mi hijita me olvidó. No puedo luchar más. No sé si es mi estado psíquico el que me conduce a esta decisión, pero Dios me perdone. Le agradecerás al dr. Ramón Castell (su abogado) todo lo que hizo por mí. Dios le dé inmensa felicidad. Lo mismo para el doctor Díaz Saavedra, que con tanta diligencia se ocupó de mi salud. Para tu familia, inmenso reconocimiento por aliviar mi terrible existencia. A mis amigos, que me perdonen”.

Quince años más tarde, “Gracielín” volvió a Chaco, el 10 de junio de 1980, junto a Enrique Capozzolo, su entonces marido. “Vino a pagar los impuestos atrasados de la casa que en La Liguria le dejó su padre”, aseguraron los medios locales. Ella habló de la felicidad de estar allí, y aseguró que volvería “con más tiempo” al lugar donde su padre “pasó muchos años”. Jamás regresó.

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